Un niño muere cada tres segundos… y a mí me importa un bledo

Estoy tan saturado de este tipo de informaciones que han acabado por resbalarme. Ni lloro, ni me emociono, ni hago comentarios acerca de lo miserable que me resulta la humanidad… y me duele la cabeza, de manera que no me apetece ser hipócrita. Veamos un ejemplo:

Casi 9,7 millones de niños mueren cada año antes de cumplir los cinco años por enfermedades que van de la neumonía a la malaria, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que señaló que medidas sencillas y asequibles podrían salvar más vidas.

Pese a que la cifra anual está por debajo de los 10 millones por primera vez, el dato significa que más de 26.000 niños mueren cada día, la mayoría de causas prevenibles.

UNICEF advirtió de que pese a los avances recientes, África, el sur de Asia y Oriente Próximo no están en el camino de cumplir el objetivo de la ONU de reducir la mortalidad infantil en dos tercios entre 1990 y 2015, a menos de cinco millones de muertes por año.

 Bueno… qué cosas. Sigo sin inmutarme. Probemos con otra cosa

 Por vez primera desde que se registran estadísticas, la mortalidad infantil ha descendido por debajo de los 10 millones anuales, según el informe ‘Estado Mundial de la Infancia 2008′, presentado por Unicef.

La drástica disminución del número de fallecimientos infantiles, que ha pasado de los 20 millones en 1960 a los 9,7 millones en 2006 es una buena noticia, ensombrecida por el hecho de que todavía mueren 27.000 menores de cinco años cada día, por causas perfectamente evitables.

Los datos del informe, procedentes de entrevistas personales, la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial señalan que los países con menos posibilidad de cumplir los Objetivos de Desarrollo de Milenio (OMD) de la ONU en salud (reducir en dos tercios la mortalidad infantil en 2015) son los de Oriente medio, el sur de Asia y todo el continente africano.

Los peor situados son los de África Subsahariana, dónde todavía uno de cada seis niños no llega a cumplir los cinco años. De un total de 46 países, sólo tres están en condiciones de poder lograr esta meta.

 No me lo creo… es el mejor dato que se ha conseguido hasta ahora… ¿Salto de alegría? ¿Saltarán de alegría aquellos que siempre se sienten culpables por algo que no tienen culpa?

 Por si acaso, voy a tomarme un par de calmantes.

Es que la sanidad pública…

Qué cosas

La Sección Segunda del TSJA, en su sede de Sevilla, ha ratificado una sentencia anterior en virtud de la cual se condena al Servicio Andaluz de Salud (SAS) a indemnizar con 223.438 euros al viudo e hijos de una paciente, que falleció tras esperar ocho horas en las urgencias del Hospital Virgen Macarena para tratarse una hernia diafragmática estrangulada.


Según informó hoy en una nota la asociación El Defensor del Paciente, la sentencia del TSJA sostiene que la enferma, que falleció el 9 de octubre de 2003, ingreso en el servicio de Urgencias del citado hospital a las 10.30 horas de ese día, determinándose el episodio que causó su defunción a las 17.45 horas del misma día y ‘continuando en el mismo servicio de urgencias’.

Así, relata que la paciente falleció como consecuencia de una hernia diafragmática estrangulada, después de esperar asistencia durante ocho horas en las citadas urgencias del hospital sevillano.

 Nada… Cuando quieran, preguntamos porqué la Sanidad española es tan lenta.

La munición que llega a las FARC desde Venezuela

Mucho es lo que se ha escrito de Hugo Chávez, bufón que a ratos ejerce de presidente de Venezuela, sobre su generosa intervención para liberar a rehenes colombianos de las FARC.

En mi opinión, es para echarse a temblar. Tras hacer el ridículo con la no entrega a Enmanuel y responsabilizar de tal desastre al presidente de Colombia, Álvaro Uribe y seguir apoyando a las FARC, me he enterado (vía El Nuevo Herald) de que Venezuela ha estado negociando munición con las FARC. 

La denuncia se basa en los decomisos de municiones a los grupos guerrilleros en las regiones del nororiente del país, fronterizas con Venezuela, y en el testimonio de desertores de ese grupo guerrillero.

Las fuentes aseguraron que no sabían si ese suministro "es consecuencia de la creciente corrupción que existe entre las fuerzas militares y de policía de Venezuela o si se trata de una política de Estado del presidente Hugo Chávez".

La noticia es para echarse a temblar. Existen dos posibilidades: La menos mala es que el Estado venezolano está corrupto hasta el tuétano, y que se puede esperar cualquier cosa de estos corruptos. La muy mala es que sea el propio Chávez quien da el visto bueno a estos intercambios. Vuelvo a fusilar del Herald:

"El reportaje, titulado El narcosantuario de las FARC, afirma: "Lo que aseguran un diplomático europeo y diversas fuentes oficiales a las que ha tenido acceso El País es que existe complicidad y compenetración de elementos importantes del Estado que preside Hugo Chávez en las actividades mafiosas y militares de la organización guerrillera más antigua del mundo.""

¿Tiene esto sentido? Por supuesto. Vemos que Chávez no tiene ningún problema en apoyar a todo engendro izquierdista que surja por Latinoamérica. Y si las FARC son un grupo de lucha contra el Imperio… pues sólo hay que hacer las cuentas. Por otro lado, no deja de ser curiosa la simpatía que el grupo terrorista colombiano siente por Chávez.

 Al menos, en Europa sí tenemos claro qué son las FARC.

Oferta de empleo

¡Joven!

¿Eres un parásito social sin nada que hacer en tu vida más que vivir en casa de tus padres? ¿Has estudiado una carrera hipersaturada y no te ha servido para nada? ¿Tienes miedo de montar un negocio? ¿No te gusta trabajar? ¿Te puede la responsabilidad de trabajar unas abusivas 40 horas semanales? ¿Te han echado de todos los trabajos posibles porque eres un inútil?

Sea cual sea tu caso, tenemos el trabajo ideal para tí: funcionario.  

Tenemos una completa oferta para nuestros futuros trabajadores: 35 horas semanales, sueldos muy por encima de los de mercado, aumentos de sueldo cada tres años sin rendimiento, estabilidad total, responsabilidad prácticamente nula, vacaciones de tres meses pagadas…

Ésta es tu oportunidad. Podrás llegar borracho al trabajo, ser totalmente ineficiente, irresponsable, montar colas de espera kilométricas porque estás mordiéndote las uñas… ¡Todo lo que quieras, y más! en un puesto donde, además, la gente te percibirá como útil para la sociedad.

Lo único que has de hacer es aprobar unas oposiciones… pero no te preocupes: Tenemos 23.000 plazas esperándote… y ten seguro que una de ellas es para tí.

¿A qué esperas?

Los Bancos Centrales deben ser independientes (réplica a Alberto Garzón)

Disculpen la inactividad de estos meses. Seguramente, este será lo poco que sepan de mí en otros tantos. No obstante, creo que hoy no se quejarán del pedazo de post (a nivel de extensión) que les he preparado. Es una réplica que le he hecho a Alberto Garzón sobre la necesidad de independencia de los bancos centrales, algo que no se discute en cualquier democracia minimamente sensata.

Como de costumbre, ignoraré los casi siempre sabios argumentos de Juan Ramón Rallo respecto a la eliminación de los bancos centrales y pensaré que eliminarlos es casi tan utópico como que el socialismo funcione. Así que, como es lo que hay, defenderé al menos la necesidad de independencia de los bancos centrales respecto del gobierno, la democracia, el pueblo y otros conceptos difícilmente falsables.

¿Cuál es la misión principal de un Banco Central? No hacer el idiota con la moneda. Es decir: no cagarla. En realidad, esta debería ser la función elemental de cualquier político, pero estamos acostumbrados a pensar que alguien que vive a 600 kilómetros puede saber qué necesitamos y aceptar cualquier precio que nos ponga, de modo que conviene recordarlo. Más concretamente, la función de un Banco Central es la de mantener la estabilidad económica de un país a través del control de la inflación, esto es, evitando que exista dinero de más y evitando que los precios, en tanto que la capacidad adquisitiva de la unidad monetaria es menor, lleguen al reino de los cielos.

Pero esa no es la única función que pueden tener los bancos centrales. Si un gobierno central (digamos, el de Bush) ha decidido irse a la guerra (digamos, la de Irak), necesitará de una enorme inversión, la cual no aparece de la noche a la mañana… excepto si un banco central (digamos, la Reserva Federal Americana) imprime un montón de dinero para que el Estado compre e invierta aquellos recursos necesarios. ¿Resultado? Pues al margen de los miles de muertos inocentes, enormes daños en infraestructuras, crear una enorme inestabilidad en una región y echar a un dictador genocida a patadas, los precios suben. Hay gente con más dinero que lo gastará en otras cosas, y ese aumento de la demanda provocará, en poco tiempo, un aumento de los precios, precios que la inmensa mayoría de ciudadanos tendrán que seguir pagando sin ayuda estatal pero que a unos pocos les ha beneficiado.

Esto es aplicable a todo lo demás. Tiene las mismas consecuencias si se invierten en educación, sanidad, carreteras, AVEs, exposiciones universales, aeropuertos, astilleros, salarios aumentados a los funcionarios… Es independiente de las buenas o malas intenciones del banco central o del planificador de turno, o de si ha sido democráticamente elegido.

Me remitiré a dos ejemplos históricos de lo que pasa cuando no hay independencia de los Bancos Centrales. El de la Alemania de los años 20 y el de la España de Felipe González.

Alemania, allá por los años 20, era un país sumido en un par de problemas por las deudas de guerra de la Primera Guerra Mundial. Dado que la economía alemana no podía pagar los plazos de las deudas, no se les ocurrió otra cosa que darle al botón de “ON” de la máquina de hacer billetes. El resultado, si no recuerdo mal, fue de un 859.000% de inflación. Podías ser millonario y pobre a la vez. Y, esta inestabilidad, sumado a otros factores, fueron los que auparon a un tal Adolf Hitler al poder.

El caso de España, afortunadamente, no fue tan grave como el alemán. Básicamente, cuando llegó la “hora de la alegría” de Carlos Solchaga allá por los años 80, el Estado comenzó también a gastarse mucho más dinero en un montón de cosas que todavía no sabemos para qué sirven (como, por ejemplo, el AVE Madrid Sevilla o la Expo). El resultado fue que en los años 90 España tenía 3 millones de parados y una inflación galopante, hasta el punto de que el encantador de serpientes y presidente del gobierno de la época, Felipe González, acabara despidiéndose del poder.

Debo añadir que, en general, la misión de los Bancos Centrales es evitar crisis económicas. Y, para ello, pues poco les importan los medios. Si tienen que quitar liquidez, lo quitan. Si tienen que fabricar dinero, lo fabrican. Si han de subir los tipos de interés, lo hacen y, si no, pues no. Si tienen que coordinarse para salvar una moneda extranjera (como hicieron hace unos años el BCE y la FED con el yen), lo hacen… Para eso es por lo que cobran esos funcionarios.

Pedir que los Bancos Centrales sean democráticamente controlados es como pedir que la policía esté democráticamente controlada o que el sistema judicial esté democráticamente controlado (entendiéndose por “democráticamente controlado” el que esté controlado por el poder político) es como pedirle al planeta Tierra que ejerza la Ley de la Gravedad. Ya lo son. Si la cagan de manera horrorosa, sus responsables se irán a la calle. Otra cosa es que sus mecanismos de control sean manifiestamente mejorables. Lamentablemente, aquí no pasa como en EE.UU. donde Ben Bernanke tiene que cambiar de acera cada vez que se encuentra con Ron Paul. Eso sí es reprochable. Lo que no es reprochable es que este organismo pueda tener unas directrices para que su funcionamiento sea independiente. Eso ha sido algo que en la Alemania de posguerra han tenido muy claro. Y les fue muy bien.

Me resulta muy curiosa, a la par que interesante, la costumbre que tienen muchos de afirmar que algo es política. Ejemplos: el deporte es política, el matrimonio es política, el sexo es política, el clima es política… Como decían en mi facultad: TODO es política. En realidad esto quiere decir dos cosas: que todo es politizable y que todo es susceptible de ser manipulado por las torpes zarpas del Estado. Y, como no podía ser de otro modo, los Bancos Centrales también.

Cuando Alberto Garzón se queja de que “desde trincheras ideológicas al servicio de los más ricos apuestan por mantener estas estructuras y relaciones de poder tan injustas”, en realidad se está quejando de la falta de poder que tienen los políticos para meter las zarpas en la moneda y, por tanto en la economía. A aquella frase de “todo es política” tendría que añadir que “toda esa política es interesada”. Si Alberto quisiera democratizar el BCE, lo que haría sería defender la libertad de elección de la gente para llevar a cabo sus transacciones del modo que le diera la gana. Es decir, que la gente pudiera usar euros, dólares, yenes, rublos, dirhams, oro, plata o lo que quisiera. Entonces, el BCE tendría una excelente señal democrática, muy similar a la del voto, para saber si los ciudadanos quieren o no esa moneda y esos tipos de interés. Pero entonces el BCE ya no tendría la posibilidad de meter las zarpas en la economía y sería un instrumento mucho más difícil de usar por los gobiernos para hacer lo que les diera la gana. Y me temo que esa clase de democracia, donde la gente es libre para elegir y el poder de una moneda no está subordinada a la voluntad de una clase burocrática, no es lo que quiere Alberto.

No seré yo quien defienda las últimas intervenciones “salvadoras” del BCE para ayudar a bancos que lo han hecho rematadamente mal ni a las familias que han despilfarrado dinero tirando de tarjeta de crédito. De hecho, el que los Bancos Centrales hayan intervenido en la economía para salvar a estas empresas demuestra lo muy intervencionistas que pueden llegar a ser. Pero no se han extralimitado ni apoyado a las clases dominantes; han hecho aquello para lo que fueron diseñados. Y si no lo hubieran hecho, habrían recibido instrucciones desde arriba para que lo hicieran o, en su defecto, hicieran todo lo necesario para acabar con la crisis. Lamentablemente, la burbuja no estalló y, cuando estalle, afectará a más gente de una manera peor.